miércoles, 17 de marzo de 2010

La justicia

Al parecer, es incuestionable, impoluta y está libre de toda forma de corrupción. Además, claro está, de ser infalible.
Eso es lo que se supone que deberíamos creer. Un detalle: esta gente es tan humana como cualquier de nosotros, simples mortales. Es decir; tienen debilidades, deseos, compromisos y toda una historia de vida. Entoces pues, es momento de bajarlos de ese pedestal de deidades vivientes y observar quienes son en realidad, en función de sus historias personales, de sus posturas y esencialmente de sus fallos. Cómo fallan? Contra quienes? en que plazos? contra quienes evitan fallar?
Confiar o no confiar en la justicia? Todo un dilema. Yo, por mi parte sólo dire que la confianza se gana, se conquista. Y, algo es innegable; los jueces argentinos, salvo honrosas excepciones, poco hacen por ganar nuestra confianza. De lo que claramente se elucida que en realidad, poco les importa, miestras sigan teniendo esa cuota de poder vitalicia que les brinda la toga.

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